La guerra ya es total. Pedro Sánchez tiene enfrente desde esta semana a dos de los más poderosos “amos del algoritmo”, tal como los ha definido: el dueño de X, Elon Musk, y el de Telegram, Pável Dúrov. Faltan en el choque público algunos otros colosos, como Meta (Instagram, Facebook, WhatsApp), un grupo con el que Sánchez ya ha sido muy crítico, o Alphabet (Google, YouTube), pero el enfrentamiento general con estas grandes tecnológicas es muy evidente. “Sabemos que es un movimiento arriesgado, ellos pueden poner su algoritmo a trabajar contra el Gobierno español. Pero creemos que es lo que hay que hacer. Y vemos cada vez más apoyo en Europa a nuestras tesis, cada vez hay más presidentes que saben que tenemos un gran problema con las redes sociales, especialmente entre los menores. Vamos a dar esta batalla”, señala un miembro del Gobierno cercano al presidente.
El Gobierno espera que la fiscalía actúe como en Francia. La Moncloa acumula datos graves sobre el efecto en los menores. El presidente amplifica el interés internacional por sus medidas
La guerra ya es total. Pedro Sánchez tiene enfrente desde esta semana a dos de los más poderosos “amos del algoritmo”, tal como los ha definido: el dueño de X, Elon Musk, y el de Telegram, Pável Dúrov. Faltan en el choque público algunos otros colosos, como Meta (Instagram, Facebook, WhatsApp), un grupo con el que Sánchez ya ha sido muy crítico, o Alphabet (Google, YouTube), pero el enfrentamiento general con estas grandes tecnológicas es muy evidente. “Sabemos que es un movimiento arriesgado, ellos pueden poner su algoritmo a trabajar contra el Gobierno español. Pero creemos que es lo que hay que hacer. Y vemos cada vez más apoyo en Europa a nuestras tesis, cada vez hay más presidentes que saben que tenemos un gran problema con las redes sociales, especialmente entre los menores. Vamos a dar esta batalla”, señala un miembro del Gobierno cercano al presidente.
Sánchez está convencido, y lleva más de un año en este discurso, desde la cumbre de Davos de 2025, de que esta, la de volver a hacer de internet un lugar de debate constructivo y no la “ley de la selva y el Estado fallido” que es ahora, según su visión, es la gran batalla política del siglo XXI. Según fuentes del Gobierno, Sánchez está encontrando mucho apoyo entre otros líderes europeos para este combate. Especialmente para la cuestión de la prohibición de las redes a los menores de 16, algo que ya ha hecho Australia y también está trabajando Francia. No es solo una cuestión de los progresistas: Grecia, dirigida por el conservador Kyriákos Mitsotákis, también apoya a España y en la última cita entre ambos en La Moncloa estuvieron hablando de esto.
La preocupación es creciente en Europa, sobre todo por los problemas de salud mental que está generando en los menores. La Comisión Europea acaba de determinar que TikTok es absolutamente adictivo y tendrá que cambiar su funcionamiento. Al grupo promotor de esta prohibición de redes para los menores, que son España, Francia y Grecia, se han sumado como firmantes Chipre, Eslovenia y Dinamarca, y han dado su apoyo Italia, Alemania, Países Bajos, Bélgica, Eslovaquia y Croacia.
Sánchez ahora quiere ir más allá y muy rápido. El Gobierno español confía ahora en que la Fiscalía haga algún movimiento en línea con los de Francia, donde se está investigando a X por cuestiones relacionadas con la pornografía infantil. En España no existe el delito de manipulación de algoritmos, que sí tiene Francia, pero el Gobierno ya está estudiando una modificación del Código Penal para incorporarlo. Óscar López, ministro de Transformación Digital y encargado de estas reformas y sobre todo del sistema de verificación de la edad, que ya está listo para ser implantado, está encontrando cada vez más apoyo entre sus homólogos europeos en las citas en Bruselas.
La ofensiva del Ejecutivo es de fondo y Sánchez y su equipo, dirigido por Diego Rubio, especialmente interesado en estas cuestiones, han hecho de esta batalla una prioridad absoluta en lo que queda de legislatura. El PP señala que está de acuerdo con la prohibición a los menores de 16 años del acceso a redes sociales, y Alberto Núñez Feijóo lo reivindica como una propuesta propia, aunque ahora mismo es difícil imaginar un gran acuerdo entre los dos grandes partidos ni siquiera para esto.
Los datos a los que apela el Gobierno son muy claros. El sistema FARO-OBERAXE, especializado en esta cuestión, detectó en 2025 más de 845.000 contenidos de odio en las redes sociales españolas. Solo se logró retirar el 41% de estos contenidos. Las plataformas apelan habitualmente a que ellos solo pueden retirar el contenido que realmente sea delictivo, no el resto. Lo cierto es que el Gobierno puede demostrar con datos que el odio inunda las redes. Hay otro dato clave: los españoles se consideran poco racistas (1,8 sobre 10), pero perciben que la sociedad es casi tres veces más intolerante (5 sobre 10). La conclusión es clara: hay tanto odio en las redes que los ciudadanos creen que hay más racistas de los que realmente se pueden encontrar.
Más datos: solo entre 2023 y 2024 las llamadas al 017 de ayuda a menores aumentaron un 41%. El asunto preocupa y hay una clara voluntad de cambio. Según el Eurobarómetro, el 83% considera que la desinformación y el odio en redes son un problema.
No está claro qué efectos políticos tendrá en España este choque de Sánchez con los colosos de X y Telegram, que ha llegado en plena campaña electoral en Aragón. Pero sí hay una evidencia: ha generado un gran interés internacional. El presidente español tiene problemas políticos muy serios en España, y el PSOE puede sufrir un golpe muy duro este domingo, pero cada vez logra más apoyo e interés fuera de sus fronteras. Tanto este choque con los amos de las redes como la regularización extraordinaria de 500.000 inmigrantes, que va en sentido contrario al de otros gobiernos, han puesto a Sánchez en el foco internacional. En esta semana, La Moncloa está recibiendo casi una decena de peticiones diarias de entrevistas de medios internacionales. Y no solo de línea progresista.
Este éxito internacional sorprende incluso a algunos miembros del Ejecutivo, que insisten en que la posición del líder español no es nada extremista, que es el mundo el que está girando tanto a la derecha que cosas normales ahora parecen extraordinarias. Un miembro del Ejecutivo lo resume así: “Sánchez está logrando un gran foco internacional, pero en realidad lo único que hace son propuestas de sentido común. El problema es que el mundo está girando hacia la insensatez. Ahora todos nos preguntan por qué Sánchez hace una regularización extraordinaria, que es algo que hizo hasta Aznar y a nadie se le ocurrió llamarle extremista”.
“El problema es que ya casi no hay líderes progresistas. Si quieres mirar al progresismo mundial, tienes al alcalde de Nueva York, a algunos gobernadores demócratas, a Lula y a Sánchez. No hay mucho más con fuerza”, sentencia otro. Sánchez está organizando en abril una gran cita de líderes progresistas que no por casualidad se celebra en Barcelona y que le tendrá como gran protagonista. Además, este año Sánchez ha decidido ir a la Conferencia de Seguridad en Múnich, a la que siempre enviaba a la ministra de Defensa, para dar allí un discurso con una visión del mundo alternativa a la de Donald Trump y su 5% del gasto en Defensa. La Moncloa ha decidido aprovechar cada espacio para dar esta batalla por un mundo diferente al que triunfa ahora en Europa y América.
El presidente español se mueve muy cómodo en la agenda internacional, también en esta batalla contra los amos de las redes, y parece convencido de que tendrá mucho más efecto sobre la política española de lo que piensa el PP, cuyos dirigentes señalan en privado que ese éxito internacional de Sánchez no mueve ni un voto y que la suerte ya está echada y la derechización de España es imparable.
Sánchez multiplica sus movimientos para convencer también a los progresistas españoles, claramente desmovilizados después de casi ocho años de gobierno de izquierdas y con escándalos muy graves en el PSOE, de que vayan a votar para frenar la ola derechista que lleva a un mundo controlado por estos oligarcas de las redes aliados de Donald Trump. “Lo de esta semana, con Musk y Dúrov contra Sánchez, demuestra que no estamos locos, que es verdad que hay poderes fácticos de multimillonarios que están ayudando a construir un discurso de ultraderecha, que los fascistas modernos no podrían triunfar sin la ayuda de los algoritmos. Solo estamos proponiendo que haya normas para que no gane siempre el más fuerte”, señala otro miembro del Ejecutivo.
La cuestión de las redes no es nueva en La Moncloa, aunque el enfrentamiento haya explotado esta semana. Sánchez se lanzó fuerte en Davos el año pasado con esta batalla contra los “tecnooligarcas” y pensaba intensificarla este año en esa cumbre, aunque finalmente no pudo ir por el accidente de Adamuz. De hecho, el discurso que ha provocado la reacción de Musk y Durov, pronunciado en otra cumbre en Dubái este lunes, estaba preparado para Davos, según diversas fuentes.
Además, desde el pasado verano, Sánchez ha decidido dar el combate de forma directa en las redes. En septiembre abrió cuenta en TikTok, algo que Santiago Abascal, líder de Vox, había hecho tres años antes. En La Moncloa asumen que llegan tarde, pero creen que pueden intentar recuperar. “La ultraderecha nos lleva muchos años en redes, ellos no lograban entrar en los medios serios y se instalaron ahí. Ahora lo tienen colonizado y no es fácil, pero hay que dar esa batalla”, resume otro miembro del Ejecutivo.
En La Moncloa llevan mucho tiempo poniendo el foco en este asunto, también con cambios internos. En la última reorganización del Gabinete del presidente, en julio de 2025, se creó, dentro del Departamento de Seguridad Nacional, una subdirección de “análisis de riesgos asociados al espacio digital” que analiza con sofisticados sistemas de inteligencia artificial analizados por un grupo de ingenieros, programadores y policías, la aparición de “campañas de desinformación, odio e injerencia extranjera”. Además, la Secretaría de Estado de Comunicación tiene también un pequeño grupo antibulos que coordina también mensajes de los ministerios cuando hay campañas de desinformación, algo especialmente frecuente en cuestiones de salud.
En La Moncloa han cambiado completamente el registro, un giro que Vox ya había hecho hace tiempo: la batalla política ha pasado a las redes, no solo para la protección de la infancia, un asunto prioritario y para el que se abre el consenso en Europa, o la lucha contra la desinformación, sino también para cambiar las conciencias de millones de jóvenes hacia discursos ultraderechistas de odio al extranjero. El resultado es incierto, pero no hay duda de que la maquinaria del poder se ha puesto en marcha para ordenar un espacio que lleva creciendo exponencialmente más de 15 años sin apenas regulación específica.
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