
Thais Ruiz de Alda (Barcelona, 52 años) es jurista de formación y lleva más de dos décadas trabajando en entornos tecnológicos. Ha dirigido equipos y proyectos digitales desde 1999 y eso, además de un desparpajo y una locuacidad a prueba de balas, le hace decir con rotundidad que existe el patriarcado digital, que solo el 22% de participantes en los festivales de música son mujeres y que Google debería ofrecerte otra opción para llegar a un sitio que no sea solo no cruzar un parque a las doce de la noche. Actualmente, después de haber vivido “el manspreading en toda su magnitud”, es fundadora y directora ejecutiva de DigitalFems.
La jurista que lleva dos décadas trabajando en entornos tecnológicos exhibe el patriarcado digital desde las rutas de Google hasta los metadatos de la música digitalizada
Thais Ruiz de Alda (Barcelona, 52 años) es jurista de formación y lleva más de dos décadas trabajando en entornos tecnológicos. Ha dirigido equipos y proyectos digitales desde 1999 y eso, además de un desparpajo y una locuacidad a prueba de balas, le hace decir con rotundidad que existe el patriarcado digital, que solo el 22% de participantes en los festivales de música son mujeres y que Google debería ofrecerte otra opción para llegar a un sitio que no sea solo no cruzar un parque a las doce de la noche. Actualmente, después de haber vivido “el manspreading en toda su magnitud”, es fundadora y directora ejecutiva de DigitalFems.
Pregunta. Si tuviera que explicar qué es DigitalFems, ¿qué diría?
Respuesta. Es una organización sin ánimo de lucro que nació en 2019 tras haber vivido el manspreading ([traducido como despatarramiento] en toda su magnitud en el sector de la tecnología. Uno de sus objetivos es combatir los prejuicios, eso de que las mujeres no tienen capacidades para desarrollar tecnología ni para gobernarla. Nosotras queremos darle la vuelta, generar un feminismo de datos que lea la realidad con más capas de datos de lo que se hace hoy. Hoy en las facultades de Ingeniería Informática se cree que las mujeres son peores haciendo software que los hombres.
P. ¿Lo creen alumnos, profesores o ambos?
R. Ambos. Te voy a decir una cosa curiosa. Hubo un momento en la historia donde el desarrollo de software no era prestigioso ni estaba bien pagado. Y es en esa época donde las mujeres hacían software. Si googleas, te saldrán un montón de imágenes de los años treinta y cuarenta, llenas de mujeres, sobre todo estadounidenses, y hasta llegó un momento en el que suponían el 40% de las matrículas en las carreras de Informática. Pero a finales de los setenta empieza a caer hasta los niveles actuales. Hemos llegado a estar al 12% y ahora estamos más o menos en el 18%. Es fuerte, ¿eh?
P. ¿Hay un punto de inflexión o fueron varios los factores?
R. Tengo clarísimo que hubo un punto de inflexión: el día en el que el software se privatizó. Se convirtió en un espacio de estatus, de innovación, y ese es el momento en el que empiezan a salir las mujeres y entran los hombres. Fue un patrón en todo el mundo y hoy persiste esa percepción.
P. Habla usted de patriarcado digital.
R. Es la cultura y la visión patriarcal del diseño, creer que es neutro, cuando la realidad es que no se cuenta con voces disidentes que aporten otros puntos de vista. Porque hablamos mucho del tecnobro, que es el primo delcryptobro, pero tampoco es negro ni vive en Asia. Son siempre hombres blancos. Así que, en cierto sentido, es un patriarcado supremacista. Cuando diseñas una interfaz o un servicio digital, tienes que contar con un usuario, pero también con una usuaria. ¿Cómo es posible que para llegar a un sitio Google me haga pasar a las 12 de la noche por un parque, que yo no voy a pasar en mi vida, porque me da miedo? Debería mostrarte dos opciones.
P. Hay un acto muy placentero, como el de escuchar música, que para usted tiene una lectura muy diferente.
R. La música es uno de los sectores que más se ha digitalizado. ¿Y eso qué significa? Que una pista de música tiene unos 200 tipos de metadatos. El título, el nombre del artista, el tiempo de duración, quizá el estilo y la fecha del álbum. Para organizarlo, el sector decidió crear DDEX, Digital Data Exchange, para generar unos estándares. El sexo y el género del autor no se consideraron en su momento un metadato importante. Al principio se pensaba que si tenías este dato podía ser el motor de la discriminación, cuando esa discriminación ya existía. Y hay otro dato calentito que te tenía preparado.

P. Dígame, por favor.
R. En los carteles de festivales de música solo hay un 22 % de mujeres. ¿Cómo puede pasar esto cuando la mitad, por no decir el 100 %, reciben financiación pública? Está escrito por todos lados que la financiación pública tiene que promover la paridad.
P. ¿Qué le dice a esas personas a las que les plantea estos asuntos y ponen cara de: ‘Otra pesada hablando de mujeres”?
R. Tengo diferentes estrategias. Una es llevarla al campo de la familia, de la suya concretamente. Le explico cómo le impactaría a su hija si se le tiene en cuenta o si no. Y es entonces cuando veo que presta algo de atención. Para convencer hay que ir a las emociones más que a los datos.
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