Una empresa de Singapur de centros de datos, Megaspeed, compra chips a Nvidia, la empresa más valiosa del mundo gracias a sus sofisticados dispositivos que impulsan el boom actual de IA. El Gobierno de EE UU sospechaba desde 2024 que Megaspeed revendía esos chips a Alibaba y otras empresas chinas de manera irregular. Porque desde 2022 Washington restringe la exportación de los modelos más potentes a China.
Donald Trump fue informado de la relación por las agencias de inteligencia de EE UU, pero optó por no hacer nada, según revela ‘The New York Times’
Una empresa de Singapur de centros de datos, Megaspeed, compra chips a Nvidia, la empresa más valiosa del mundo gracias a sus sofisticados dispositivos que impulsan el boom actual de IA. El Gobierno de EE UU sospechaba desde 2024 que Megaspeed revendía esos chips a Alibaba y otras empresas chinas de manera irregular. Porque desde 2022 Washington restringe la exportación de los modelos más potentes a China.
Esta historia se ha complicado con un giro de alto espionaje que acaba de revelar The New York Times, y que el Gobierno chino se ha apresurado a desmentir. Una ejecutiva de Megaspeed, Alice Huang, sería un agente que pasaba información a Pekín. El problema es más espinoso todavía: esta ejecutiva también tendría una relación de amistad desde hace años con Jensen Huang, fundador y presidente ejecutivo de Nvidia.
“La vigilancia sobre la directiva, Alice Huang o Huang Le, ciudadana china, destapó que había entablado una relación estrecha con Jensen Huang, el consejero delegado de Nvidia”, escribe el periódico estadounidense.
No especifica qué significa una “relación estrecha”, pero en el mundo del espionaje esa expresión es código para algo más que una “amistad”. En LinkedIn y YouTube hay imágenes de ambos en fiestas y saliendo de restaurantes.

Nvidia desmiente todas estas sospechas y asegura que Huang tiene esas relaciones sociales con miles de clientes y no por ello comparte secretos profesionales con ellos. Las agencias de inteligencia de EE UU sí consideran que puede ser peligroso y alertaron hace un año al presidente Donald Trump, que decidió no hacer nada. Huang es el mayor aliado de Trump en su campaña para potenciar la IA estadounidense sin apenas controles de seguridad.
Huang, de 63 años, se casó muy joven con Lori, su pareja de la universidad. Tienen dos hijos treintañeros que trabajan en Nvidia. El caso de Huang es extremadamente delicado, pero forma parte de la nueva vida de Silicon Valley: sus secretos interesan a todo el mundo y es natural que el espionaje pudiera estar infiltrándose en sus oficinas y en sus entornos personales.
Este mismo mes de octubre, el FBI detuvo a Abdulrahman Alfozan, ingeniero saudí empleado de OpenAI, otra empresa líder del sector de la IA. El motivo para su arresto fue que el equipo de seguridad de la compañía pilló a Alfozan colocando dispositivos de escucha envueltos en papel higiénico en salas de reuniones en las que se toman decisiones de alto nivel. La justicia estadounidense ha tenido que justificar hace unos días los motivos para prorrogar su detención y han confirmado sus vínculos con autoridades saudíes.
Pero sigue sin saberse por qué fue tan poco sofisticado a la hora de pasearse por salas privadas, colocando grabadoras y artefactos caseros fabricados con la ayuda del ChatGPT de su mujer. Alfozan hizo además su operación dos semanas antes de volar a su país con un permiso de paternidad y sin billete de vuelta. Su mujer y su hijo se han trasladado permanentemente a Arabia Saudí.
Este razonable temor a los tentáculos del espionaje ha hecho que empleados de las grandes empresas de Silicon Valley reciban cursillos para prevenir caer en sus redes. Una de las lecciones clave que dan en esos encuentros es que tengan cuidado con sus romances: por muy ricos y brillantes que sean, su atractivo de cara a posibles pretendientes puede ser acceder a sus secretos.
El caso de Huang es el mayor ejemplo conocido hasta ahora. Ha creado y dirige una empresa portentosa y su estado sentimental sería un hipotético agujero de seguridad de la compañía. Es fácil de imaginar a agentes estadounidenses siguiendo a Alice Huang por Singapur o Taipei, sufriendo por sus encuentros furtivos con Jensen y por si le contara algo delicado para la seguridad nacional.
China calificó este viernes de “infundadas” las informaciones publicadas por The New York Times, según recoge EFE. El portavoz del Ministerio chino de Exteriores, Guo Jiakun, respondió brevemente en rueda de prensa que esas informaciones “carecen de fundamento”, “son una pura calumnia” y “un intento de desprestigiar a China”.
Feed MRSS-S Noticias
