
Más de un 55% de españoles cree que hoy hacer humor está más limitado en España que hace una década. Solo un 37% cree que la tranquilidad para hacer chistes hoy es mayor. A pesar de esta caída, más de dos tercios cree que España es un país que tiene sentido del humor. Pero incluso con ese buen carácter tan aparentemente extendido, un 57% dice haber dejado de hacer un chiste o un comentario cómico por temor a ser malinterpretado. Son datos surgidos de una nueva encuesta del CIS sobre desinformación y humor.
Vox y PSOE son los dos partidos más acusados de difundir desinformación, según una nueva encuesta del CIS
Más de un 55% de españoles cree que hoy hacer humor está más limitado en España que hace una década. Solo un 37% cree que la tranquilidad para hacer chistes hoy es mayor. A pesar de esta caída, más de dos tercios cree que España es un país que tiene sentido del humor. Pero incluso con ese buen carácter tan aparentemente extendido, un 57% dice haber dejado de hacer un chiste o un comentario cómico por temor a ser malinterpretado. Son datos surgidos de una nueva encuesta del CIS sobre desinformación y humor.
Más del 85% de españoles creen también que en los últimos años han cambiado los temas de los que la sociedad se ríe. Los temas sobre los que hacer bromas que más molestan ahora son los inmigrantes y el género, que incomodan a más de la mitad de ciudadanos, muy por encima de la religión y la política.
La opinión de los españoles sobre la libertad para hacer chistes es complicada de definir. Aunque la mayoría cree que hay más límites para reírse hoy que hace una década, cuando la pregunta se formula de otro modo, hay más matices. ¿Considera que en España en estos momentos hay libertad suficiente para hacer humor sobre cualquier tema? La mayoría dice que “depende de los casos”, con un 38%, pero luego más gente que sí que hay más libertad (35%) que no (25%).
Las denuncias en tribunales y polémicas sobre los límites del humor son periódicas en España. Esta misma semana han condenado a la revista de humor El Jueves un delito contra el derecho al honor al nombrar “gilipollas del año 2024” a Polonia Castellanos, líder de Abogados Cristianos. También esta entidad denunció el cartel de las fiestas barcelonesas de la Mercè en 2025 por utilizar formas religiosas para ridiculizar a la virgen.
También en 2025 se archivó una causa contra el humorista y locutor Héctor de Miguel, Quequé, por sus comentarios sarcásticos sobre “dinamitar el Valle de los Caídos” y luego coger las “piedrecitas” que queden del monumento ahora conocido como Cuelgamuros e ir a “tirárselas a los curas que se hayan follado a algún niño, o sea, a todos”. Meses después, el propio Quequé anunció su retirada tras parodiar al periodista Nacho Abad sobre el accidente de tren de Adamuz.
Entre los humoristas es también un debate abierto: “Como cómico, no me siento menos libre que antes”, decía recientemente Joaquín Reyes en EL PAÍS. “Al revés, me siento más libre. Me parece que cuando empezábamos había temas tabú que ahora ya no hay, como la Monarquía y la Iglesia”, añadía.
Un 34% de españoles considera que Vox es el partido que más desinformación usa, seguido del PSOE (23%) y de todos los partidos juntos (20%). El único otro partido que recibe un porcentaje significativo es el PP, con un 7% de españoles que cree que desinforma. Aunque en realidad la acusación de emitir noticias falsas de los votantes a sus representantes políticos es atronadora: casi un 92% cree que los partidos usan la desinformación de algún modo.
Los españoles hacen confesiones que son a veces difíciles de compaginar con la realidad. Un 85% dice que nunca o casi nunca reenvía mensajes que le parecen interesantes por aplicaciones como WhatsApp o Telegram. Según esta encuesta, el persistente conjunto de españoles que mantiene vivos miles de grupos de mensajería representa solo un 6% de la población (los que reenvían siempre son solo un 0,9%). Cada pandilla de amigos o familia puede, por tanto, designar a su responsable de reenvíos.
La difusión de los bulos es algo que preocupa mucho a los españoles, que creen que las redes sociales deberían estar obligadas a cumplir unos principios para combatir la desinformación. Casi nueve de cada diez españoles creen que los bulos contribuyen a la manipulación de la opinión pública y a generar conflictos de convivencia social. Casos como el de Torre Pacheco son ejemplos claros de este preocupación. El Gobierno ha impulsado herramientas para ser más rápidos a la hora de detectar bulos y lograr que las plataformas actúen antes de que haya consecuencias en el mundo real.
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